Análisis
En el Tomo I (1791) del periódico, los autores indican una falta de conocimiento de la historia del país antes de la Conquista española: “Este grande Imperio, cuya fundación por los Incas queda envuelta en las tinieblas: de un conjunto de fábulas y de una tradición incierta” y admite que ha sido una pérdida cultural desde el comienzo del Reyno de Quito (fol. 2). Por eso es claro que aprecian que ciertamente hubiera una historia (indígena) antes de la colonización de Perú. Sin embargo, no mencionen que la pérdida se dio porque la historia y la memoria colectiva fueron borradas en un intento de asimilar, dominar, y explotar a la población indígena. En vez de esto, la historia es presentada como un periodo misterioso; el territorio en el que viven y sus personas nativas son misterios para ellos, los criollos. Después de describir el Comercio del país, los autores describen que
La Pesca es un ramo de industria peculiar de los Indios de la Costa; pero la practican informemente, sin instrumentos proporcionados, sin barcos, y por lo mismo costeando siempre las orillas, no pudiendo alejarse mas de 4 ó 5 leguas mas adentro. […] El Indio con ser pescador á penas come del fruto de su trabajo. Contento con su maíz, sus papas, y su chicha, mira la multiplicidad de manjares como una voluntaria ruina de la salud y la vida (fol. 6).
Por este tono, su análisis parece científico y casi sin prejuicio, pero está lleno de palabras cargadas, que contienen opiniones implícitas, fuertes, y parciales, como “peculiar” e “informemente”. Presenta al “Indio” como un animal sencillo que no entiende el valor de la eficiencia y la rentabilidad que acompañan la modernidad y está satisfecha con una calidad peor de la vida. Aquí está presente la justificación para la explotación por parte de los explotadores que toma lugar en la evangelización y el aprovechamiento: si la persona indígena es deshumanizada por ser representada como poco racional e incivilizada pero con potencial, entonces los escritores ofrecen una oportunidad de intervenir, controlar, y rentabilizar sus capacidades. Acosta dice que lo económico fue la prioridad de la iglesia, en vez de la evangelización. De manera que “los intereses económicos” sirvieron como “principal motor” para la colonización en general (Acosta 3).
En el Tomo X (1794), se continúan examinando las poblaciones nativas y describe a algunos de ellos como “gente mas rica, mas útil y laboriosa” (fol. 187) – entonces sugieren que este grupo de personas tiene valor por ser útil, laboriosa, dedicada al trabajo, lo que también sugiere un sistema de valores que refleja la industria, el utilitarismo, y la deshumanización de los Otros. La clasificación de los “Indios” se basa en la utilidad que presentan a los colonizadores. De la Peña describe la diferenciación que hicieron sobre “Indios de policía” e “Indios bárbaros” – los “de policía” ofrecían potencial (de rentabilidad y control/poder para los colonizadores) y los “bárbaros” no tenían lugar en su sistema de valores y esto afectaba la manera en que eran tratados (de la Peña 720).
Entonces dicen explícitamente que los españoles experimentan un privilegio que todos los otros no tienen: “desfrutan mayores estimaciones y preemencias” (fol. 187). Describen las injusticias que la ley, construida por la mayor parte durante los tiempos de la conquista, promulga en los Indios “una infinidad de abusos producidos principalmente por las Encomiendas de Particulares” y establece esta dinámica de proteger “al Indio débil contra el orgulloso Español” (fol. 258). Esta imagen de explotación se mantiene desde a través de la colonial, como muestra el ejemplo que menciona Acosta sobre el arzobispo de Lima en los 1540s, Gerónimo de Loaysa, quien administraba “una encomienda extrayendo altas cuotas de trabajo para realizar fructíferos negocios personales” (Acosta 3).
La representación del “Indio débil” perpetúa la lógica falsa que usaban la Iglesia en declarar que la gente indígena era un grupo trágicamente incivilizado que necesitaba dirección y gobernancia por autoridades civilizadas y religiosas que podían mostrarle la manera correcta de existir, desarrollar, y asimilarse a los valores de la “gente civilizada”. También se relaciona esta representación con otra noción hegemónica en que “aboriginal people needed protection and stern vigilance, as children do, and it found reinforcement in the racialist ideas” (de la Peña 720). Los autores del Mercurio Peruano parecen convertirse en mediadores objetivos otra vez, pero en realidad existen varios casos en que realmente no lo son. En este sentido, no romantizan a los españoles por describirles como los que poseen control del gobierno y las riquezas (fol. 261); con respeto al “Indio”, dicen que más que débil, “es sin disputa corto de ideas” y que los Indios son los “Subalternos” (fol. 259), que tienen “natural pesadez, ó perezosa [inacción]” que “ha hecho retirar, y por conseqüencia precisa pagar á las otras dos aborrecimiento la distancia en que la han puesto” (fol. 261). Continúan con esta narrativa deshumanizante y deprecativa pero tratan de esconder estos motivos a través de la fachada del progreso, desarrollo, y la producción y con el prejuicio que los Indios no son capaces de cumplir el estándar ilustre de la ‘civilización’ y el progreso de los otros grupos.
En el Tomo XII (1795), los escritores describen un grupo de Indios como “Los Barbaros” (fol. 5), y como resultado sigue distanciando los Indios del resto de la población. La clasificación por parte de la Reina de “Indios de policía” y “Indios bárbaros” (de la Peña 720) fue directamente relacionada a su utilidad percibida y determinó cuáles grupos serían favorecidos y cuáles no. Entonces empieza a describir el proceso de la recolección de las perlas para venderlas y la manera en que las recolectaron los Indios (fol. 183). Reconoce este recurso no explotado y empieza a describir los métodos en que se puede aprovechar de la recolección de las perlas en una manera muy capitalista: “Los mismos Indios podrian servir de prácticos, y tambien para el manejo de las canoas […] al mismo tiempo se fomentaría a los pobres habitantes de esta Isla con un ramo de industria” (fol. 183). El producto será para aquellos que tengan los medios para permitirse el lujo de poseer estos productos. Este último artículo habla de explotar a los Indios para obtener una rentabilidad material, desvalorándoles y subyugándoles en el proceso.
